¿Les tienes que repetir las cosas muchas veces para que lo hagan y, en ocasiones, ni así lo hacen? ¿Tienes que acabar enfadándote, gritando o castigando para conseguirlo? ¿Tienes que soportar su mal humor y comportamiento desafiante demasiadas veces? ¿Todavía no se han independizado?
En realidad, ese estrés que percibes a través tus hijos, se puede convertir en tu gran aliado ¿Quieres saber cómo? Sigue leyendo.
Ser padres es una de las situaciones más gratificantes y, a la vez, más estresantes que podamos experimentar en nuestras vidas. Nadie nos enseña a hacerlo, ni hay un manual único con la fórmula mágica para ser los padres “perfectos”. Quizás eso se deba a que los padres y madres “perfectos” no existen. Tampoco existe un único tipo de hijos, ni dos, ni diez, ni mil, … cada hijo es distinto y para quién ha tenido más de uno, sabe que lo que le funcionó con el primero, muy probablemente, no funcione con el segundo y siguientes. Tenemos que estar en constante cambio, ingeniando diferentes formas de acercarnos a ellos, de educarlos, de “guiarles por el buen camino” y esto es verdaderamente agotador. Sobre todo, cuándo no se cumplen las expectativas que esperamos.
Dependiendo de la edad, de si es chico o chica, de si es el primero o el segundo y un largo etcétera, las necesidades son distintas.
Para muchos padres, los años en los que sus hijos son pequeños pueden ser particularmente agotadores. Con demandas constantes, noches de sueño interrumpido y la necesidad de equilibrar trabajo, hogar y vida personal.
Si ahondamos en la adolescencia, esta es una etapa de crecimiento y transformación, tanto para los hijos como para los padres. Es un periodo en el que los adolescentes buscan establecer su identidad y autonomía, pero también puede ser una época cargada de desafíos y tensiones para quienes están a su lado. Cambios de humor, necesidad de independencia, presiones académicas y sociales, uso de tecnología y redes sociales, amistades, …
Cuando los hijos crecen y se convierten en adultos, muchos padres esperan que la crianza tome un lugar secundario y que emerja una relación más equilibrada. Sin embargo, ser padre nunca deja de ser un desafío, y en ocasiones, los hijos adultos pueden causar tensiones y preocupaciones que los padres no anticipaban. Problemas económicos, decisiones de vida, falta de independencia, conflictos generacionales, pareja, …
El estrés en cualquiera de esas etapas puede acumularse rápidamente y este no debe ser subestimado. El estrés prolongado puede afectar la salud mental y emocional de los padres. Es común que surjan sentimientos de frustración, culpa e incluso depresión. Además, el agotamiento puede dificultar la conexión emocional con los hijos, lo que puede generar un círculo vicioso de tensión en el hogar.
Lo cierto es que todos estos aspectos forman parte del desarrollo del ser humano, son normativos y es muy importante permitir que estos se lleven a cabo. Sin embargo, la forma en la que solemos gestionarlos, es desde la intención de que el otro cambie para conseguir un equilibrio y estabilidad emocional, pero, por desgracia, eso muy rara vez suele funcionar y, al crear nuestras expectativas sobre cómo deberían ser nuestros hijos y cómo deberían hacerse las cosas, y estas no cumplirse, es cuando aparece el estrés.
Pero, ¿Sabías que ese comportamiento que juzgas en tu hijo o hija, está mostrando una parte de ti que no te permites o que, cuando lo haces, te juzgas?
Pues sí, esa parte que juzgas en ellos está hablando más de ti que de ellos mismos.
Por ejemplo, un hijo que juzgamos de “irresponsable”, nos puede estar mostrando que, tal vez nosotros, estemos en un exceso de responsabilidad y, en ocasiones, nos gustaría no tener que serlo tanto y ser un poco más “relajados” como ese hijo.
Otro ejemplo podría ser el del hijo que lo único que quiere hacer es jugar y divertirse, tal vez nos está mostrando esa parte que, bien no pudimos disfrutar de niños, ya sea porque estábamos cargados de obligaciones, o porque el ambiente emocional en el que nos desarrollamos no nos permitía disfrutar de esa etapa o bien porque, tal vez, no nos estemos dando el tiempo y el espacio para dedicárnoslo a nosotros mismos, a lo que nos gusta, a lo que nos apetecería hacer, siempre priorizando las obligaciones por encima de la diversión.
Cómo estos, se pueden dar muchos ejemplos y obtener muchos aprendizajes a través de ellos.
Para finalizar, es importante comprender que, si algo quieres que cambie para conseguir un equilibrio o bienestar en tu vida, mientras esperes que sea el otro quién cambie le estás dando el poder a algo externo a ti, y es muy difícil que consigas tu objetivo, mientras que, si el cambio lo das tú, a través de esos aprendizajes que ellos te están mostrando, estás asumiendo el poder de tu vida y de tu equilibrio emocional.
¡A aprender de esos pequeños-grandes maestros!
Si quieres profundizar más en tu propia experiencia, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. Estaremos ahí para acompañarte y darte luz en este camino de incertidumbres.