El síndrome del impostor es una experiencia psicológica en la que las personas dudan de sus logros y tienen un miedo persistente de ser expuestas como un «fraude». A pesar de la evidencia de su competencia, estas personas creen que no merecen su éxito y atribuyen sus logros a la suerte o a factores externos.
Identificar el síndrome del impostor puede ser complicado, ya que muchas personas no son conscientes de que lo padecen. Algunas señales que pueden ayudarte a identificarlo serían:

Algo que deberemos tener en cuenta es que esos sentimientos de inseguridad y bloqueos no son algo que surge espontáneamente, como si fuera algo ajeno a nosotros que de pronto “aparece”. En realidad, esas características forman parte de la identidad de las personas que lo padecen, la cual se ha ido forjando a lo largo de los años, basándose en las experiencias vividas y el ambiente emocional en el que se han ido desarrollando desde la infancia. En ocasiones durante la concepción e incluso la preconcepción.
Por ejemplo, alguien que de pequeño fue juzgado por su físico, su forma de comportarse o de relacionarse, puede que en su vida adulta haya obtenido como recurso el no “mostrarse” para “no ser visto” y de esa manera evitar ser juzgado.
En contrapartida, puedes encontrarte a alguien que fue sobrevalorado, “que bien se te da”, “eres el mejor”, “es que como tú no hay nadie”, que en principio parecen frases de ánimo y valoración, pero que detrás de ellas se puede esconder un alto nivel de autoexigencia para cumplir con las expectativas de los demás y, por lo tanto, no dar pie a poder cometer errores o no ser el mejor. No “mostrarse” sería el recurso para no “decepcionar” a quienes crees que esperan mucho de ti.
También podemos encontrarnos a quien creció en un ambiente demasiado exigente, donde el error no estaba permitido o era castigado. Esto pudo dar pie a la creencia de “debo ser perfecto/a, y si no, no valgo”. Eso hace que su nivel de perfeccionismo le lleve a un estrés constante y una desvalorización si no cumple con el objetivo marcado.
Estos son algunos ejemplos que hemos podido observar en aquellas personas a las que hemos acompañado en sus procesos, pero no son las únicas ni son determinantes, cada persona lleva una información inconsciente y gestiona las experiencias desde la misma.
Es por ello que, a la hora de querer trabajar ese síndrome y los resultados de padecerlo, no deberemos limitarnos solo a obtener recursos conductuales, sino que también es importante conocer y comprender de dónde parten esos conceptos que se tienen de uno mismo.
Aunque cada persona es un mundo y todo depende de cómo se gestione cada situación o experiencia, es cierto que aquellas personas que padecen el síndrome del impostor ya parten de una base de desvalorización que hace que enfrentarse al “mundo”, ya sea en el ámbito familiar, laboral o social, les genere estrés.
Como sabemos, un estrés constante nos puede llevar a generar determinados síntomas psicológicos, como ansiedad, depresión y físicos. En esta ocasión vamos a hablar de qué síntomas físicos nos puede producir estar expuestos a ese estrés y los cuales a su vez se pueden relacionar con la ya mencionada ansiedad:
Superar el síndrome del impostor requiere tiempo, esfuerzo y el verdadero deseo de querer hacerlo, pero es posible con los recursos adecuados. Aquí proponemos algunos de ellos; que pueden ayudarte en un nivel de cambio de conducta, pero recuerda que el verdadero cambio, se encuentra en la raíz del problema.

Nosotras te ofrecemos recursos para ello combinando tu información inconsciente y tu energía. Si estás interesado/a en conocer más y formar parte de este proyecto, no dudes en ponerte en contacto con nosotras.