¿Alguna vez te has observado hablándote así a ti mismo/a? Adjetivos de ese tipo o bien juicios en relación a tu manera de ser, comportamientos, conocimientos… Frases como «Soy una mala madre o un mal padre«, «Soy un mal hijo o una mala hija«, «No sé lo suficiente…», «No me atrevo…»
Esta forma de expresarnos, que en ocasiones verbalizamos públicamente y otras simplemente se quedan en nuestros pensamientos, en realidad no deja de ser un maltrato hacia nosotros mismos. Cometemos una falta de empatía, algo que quizás tenemos la capacidad de mostrar hacia los demás pero que, sin embargo, cuando hemos de aplicárnosla brilla por su ausencia.
Estas expresiones que repetimos prácticamente sin darnos cuenta, puede que incluso de una manera inconsciente, no dejan de ser una muestra de cómo no nos estamos aceptando, cómo hay algo en nosotros que juzgamos y rechazamos, y todo ello nos va condicionando a lo largo de nuestra vida y nos limita en muchos aspectos. Pensar por ejemplo que «no valgo para nada» puede que me impida desarrollar un proyecto personal, buscar una mejor oportunidad laboral o incluso tener una relación sana con la pareja.
No aceptarnos como somos puede conllevar la creación de un «personaje» que nos represente ante los demás pero que deje en la sombra nuestra verdadera esencia, quién realmente somos o desearíamos ser.
Aceptarse a uno mismo es fundamental para el bienestar emocional y mental. Cuando nos aceptamos tal y como somos, con nuestras virtudes
y defectos, podemos vivir de manera más auténtica y plena. La auto aceptación nos permite reconocer nuestra verdadera esencia y nos libera de la necesidad de buscar constantemente la aprobación de los demás.
Hay que tener en cuenta que muchas de esas afirmaciones «negativas» vienen en ocasiones condicionadas por experiencias que hemos vivido en nuestra infancia o adolescencia. Tal vez hubo alguien en la familia que nos trató así, o que no confiara en nuestras capacidades y nos lo demostrara.
Puede incluso que la propia cultura nos condicione. Hay países que por el hecho de ser mujer no te dan las mismas oportunidades para formarte en una carrera o ser una mujer profesional. Hay otras dónde al hombre se le relega a un rol de proveedor y no se le da la oportunidad de ejercer un rol más paternal, implicándose en la educación de los hijos.

Descubrir y comprender esa información nos puede ayudar a cambiar nuestra manera de tratarnos, haciéndolo con más empatía y amor. Abriéndonos a nuevas posibilidades y dándonos espacio para conocernos realmente.
Aceptar quién eres es un acto de valentía. Es reconocer que eres suficiente, tal como eres. Al abrazar tus fortalezas y trabajar en tus debilidades, te estás regalando la libertad de vivir una vida auténtica y plena. ¡Comienza hoy mismo a escribir tu propia historia!
¡Contáctanos y juntos construiremos un espacio seguro para tu desarrollo personal!